La llamada de la cabaña

artículo de Luis G. Sanz

Interior de Le Cabanon de Le Corbusier en la Riviera francesa.

Interior de Le Cabanon de Le Corbusier en la Riviera francesa.

El único proyecto que Le Corbusier diseñó para sí mismo fue la cabaña que construyó en Roquebrune-Cap-Martin, la Riviera francesa y que regaló a su esposa Yvonne en su cumpleaños.

Hecha con madera, paneles prefabricados y en general otros materiales económicos, el arquitecto solía decir de ella: Tengo un castillo en la Costa Azul que tiene 3,66 metros por 3,66 metros. Lo hice para mi mujer y es un lugar extravagante de confort y gentileza. Una puerta minúscula, una escalera exigua y el acceso a una cabaña incrustada debajo de los viñedos. Solamente el sitio es grandioso, un golfo soberbio con acantilados abruptos.

Fotografías de Estelle Hanania para Wall Street Journal.

Después han venido muchas otras cabañas y a día de hoy parece que el tema está muy vigente, con ejemplos como éste de 10 metros cuadrados diseñado por el estudio sueco Tengbom para la Universidad de Lund.

Madera contralaminada por todo lo alto para estas viviendas de estudiantes que se organizarán en pequeñas barriadas, cambiando el modelo convencional de colegio mayor o el mucho más moderno de contenedores reciclados de Amsterdam.

O la del exitosísimo arquitecto italiano Renzo Piano, que parece cumplir aquel “sueño de libertad y auto contención de cuando era estudiante” diseñando para Vitra este prototipo de 2.5 por 3 metros.

Una cabaña tecnológica y un punto chic pero con vocación ecológica y autosuficiente que está dotada con paneles fotovoltaicos y termo-solares, recolector de agua de lluvia, inodoro biológico, ventilación natural y triple acristalamiento; a pesar de lo cual ha sido bautizada Diogene, en honor del filósofo griego Diógenes.

La anécdota más famosa que nos ha llegado de Diógenes es aquella en la que Alejandro Magno, avisado de su sabiduría, se acercó para conocerlo; lo encontró en la calle tumbado al sol y le ofreció lo que deseara, a lo que Diógenes respondió pidiéndole que se apartara porque le tapaba el sol, lo único que en ese momento deseaba.

Pero quizá esta otra sea todavía más reveladora: a un colega filósofo que le dijo “si aprendieras a ser sumiso al rey, no tendrías que comer esa basura de lentejas”, le respondió “si tú hubieras aprendido a comer lentejas, no tendrías que adular al rey”.

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