Cuando lo necesario se convirtió en arte

artículo de Luis G. Sanz

turner-prize-winners-assembleLos miembros del colectivo Assemble celebrando la nominación para el premio Turner.

El Turner es el premio más prestigioso del mundo británico del arte, un galardón que ha lanzado a la fama y la fortuna a varias de las estrellas de ese firmamento.
Su más famoso receptor, allá por 1995, es también el artista más rico del mundo: Damien Hirst, con sus polémicos cadáveres de tiburón en piscinas de formol, que si se te pudren se te reponen.
Este año, sin embargo, el jurado ha decidido pillar a todos como distraídos y ha premiado a Assemble, un grupo de jóvenes de menos de 30 años, por su trabajo de recuperación de vivienda en la castigada comunidad de Granby Four Streets, Toxteth, Liverpool.
Los chicos y chicas de Assemble se mostraron sorprendidos desde el momento de la nominación: a la pregunta de si piensan que su trabajo es arte, ellos responden con naturalidad que más bien tiene que ver con cuestiones como la fontanería.
El colectivo londinense pretende, según sus propias palabras, trabajar en ese terreno de desconexión que se produce entre los ciudadanos y los procesos a través de los cuales se diseñan y construyen los lugares; hacer una especie de intermediación e involucrarse en la solución final, hasta con sus propias manos.
El barrio de Toxteth sufrió revueltas en el año 1981, vio edificios arder y gente arrestada, desde entonces ha sufrido una progresiva degradación y abandono hasta la situación actual, con 70 residentes en un área de 200 casas.
Tras varios planes de renovación total dirigidos por la administración, que han vaciado la comunidad sin traer ninguna de sus promesas, Assemble han sido los únicos que se han sentado a conversar con los vecinos y les han ofrecido soluciones concretas que pueden entender y, más importante aun, compartir.

Granby Four StreetsImagen de la barriada Granby Four Streets, en Toxteth, Liverpool.

Assemble son muy jóvenes y no han hecho dinero pero ya han llevado a cabo unos cuantos proyectos, como The Cineroleumla adecuación de una gasolinera abandonada para convertirla en cine y espacio multiuso; una iniciativa de la comunidad que contó con la colaboración de más de 100 voluntarios.

Imágenes del proyecto The Cineroleum.

Folly for a Flyover (Locura para un paso elevado), un centro cultural al aire libre en el paso deteriorado bajo una autopista elevada, concebido como un kit de construcción gigante que permitió la participación de todo aquel que se acercó, sin importar el nivel de sus capacidades. 

Imágenes del proyecto Folly for a Flyover, un centro cultural al aire libre.

O Baltic Street Adventure Playground, un parque de juego en Dalmarnock, East Glasgow, realizado en colaboración con las familias, voluntarios y los mismos niños (54% de los del barrio viviendo bajo el límite de la pobreza); un lugar donde crear y también destruir, porque “es mejor un hueso roto que un espíritu quebrantado” (better a broken bone than a broken spirit, Lady Allen, 1950).

Imágenes de Baltic Street Adventure Playground, un parque de juegos comunitario.

Hubo un tiempo no tan lejano en que involucrarse con y por la gente suponía parte del juego, un orgullo y un galón para los arquitectos; quienes ahora se dedican a ello son considerados poco menos que artistas.

¿Cómo se han degradado tanto la profesión y nuestra sociedad?

 

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